Estoy pensando en abrir una nueva categoría en mi blog: Como denigrar (más) el noble ejercicio de la política.
Está el patio para ello. Esos notables puestos que vamos escalando en el ranking del CIS sobre los principales problemas que tienen/perciben los ciudadanos,que somos los políticos , nos lo está diciendo. La pura lógica lo dice.
Es injusto muchas veces, hay bastante demagogia, pero en múltiples ocasiones, nosotros ayudamos mucho a que esa opinión se extienda y se consolide.
Cada corrupto, sinvergüenza y/o delincuente es un mazazo para la democracia y para los que nos dedicamos honestamente a esto, para los que tenemos vocación de servicio público.
Hay muchas cosas que la denigran. En Cantabria estas semanas tenemos ejemplos de ella: Castro sin duda es el más significativo, donde casi la mitad de la corporación no está a la altura (ni en la suela de los zapatos). Sin embargo, en este totum revolotum no se puede meter a todos, y recuerdo (aunque suene partidista) que el PSOE está decidido a devolverle la dignidad a la democracia en Castro (si les dejan, todo sea dicho).
Pero voy a hablar de las formas. De las malas formas. De la mala educación. Estos últimos días hemos tenido ejemplos muy claros y muy extremos. Ilustra este post la famosa “peineta de Aznar”: yo pienso que ese gesto le denigra a él y sobre todo a su figura, como ex-presidente. Yo creo que un ex-presidente debe estar por encima de que 4 chavales le llamen fascista. Lo pienso sinceramente. Yo hubiese saludado con mi mejor sonrisa, quizá hubiese tirado besos: es lo que me gusta hacer cuando me llaman roja o asesina por ser pro-elección. Pero yo no soy ex-presidente de España.
Lo de Cotino es de dimisión: DIMISIÓN. Llamar hija de puta a una diputada desde la tribuna es una pérdida de papeles con pocos precedentes (alguno hay, pero pocos).
“Me avergonzaría de tener una hija como usted, pero probablemente usted no debe conocer a su padre”.
Monica Oltra ( la aludida), además tiene una historia detrás que hace que eso que dijo Cotino no fuese un inaceptable exabrupto. No garantizo que hubiese hecho yo si me hace eso alguien en el Parlamento de Cantabria, porque una no es una santa y aunque tiene aguante no sé cuál es el límite (más bien mi límite).
Lo que pasa en las Cortes Valencianas debe ser realmente espeluznante, porque aún recuerdo lo de Camps diciéndole al portavoz del PSOE que lo que quería era verle tirado en una cuneta.
Claro al lado de esto, lo del Parlamento de Cantabria es una tontería. Yo en una de mis intervenciones de hace tiempo comencé contando las descalificaciones que había realizado la diputada del PP en su moción (5 minutos), creo que me salieron 33. Pero tengo un ejemplo muy reciente (2 semanas): Buruaga (PP) al consejero de sanidad:
es repugnante, miente, pisotea sin escrúpulos los derechos de los pacientes, lo ocurrido resulta vergonzoso, es un brutal atropello, insostenible políticamente, contrario a toda ética.
impresentable, indecente, perversión, broma macabra, prácticas deleznables.
Al Sr. Liendo (servicio cántabro de salud), le despidió como: indigno, sin autoridad, inhabilitado para ejercer. Y al Sr. Consejero, le reiteró que era: indecente, falto de inteligencia, de coraje, de honor y de valentía.
No está mal, para intervenciones que van de los 5 a los 10 minutos. Pero vamos, que así vamos los lunes: bien servidos.
Que el debate sea duro y bronco no me preocupa (sino es todos los días). Pero si me preocupa bajar tanto el nivel al debate político que acabemos en el chascarrillo de taberna o, mucho peor, en el salsa rosa de gritos y bazofia.
Y que nos perdamos el respeto. Algunos lo han conseguido. Conmigo que no cuenten. Ni con mucha gente decente, trabajadora, ilusionada y con una gran vocación de servicio público que no apoyamos esta manera de entender/hacer la política.











Señorita: la clase política está denigrada por ustedes mismos, como usted misma explica.
¿Qué estrategia siguen todos ustedes para poder llegar a gobernar?. Simplemente denigrar al contrincante para derribar su imagen y poderle ganar en las siguientes elecciones.
¿De qué se queja usted?. Su objetivo ha sido conseguido: la imagen de su contrincante está denigrada. Enhorabuena. Su partido (no sé cuál es, por cierto) ha conseguido denigrar al contrario.
¿Problema?. Caramba, el enemigo ha hecho lo mismo.
Los espectadores, que vemos la escena mientras trabajamos, solo vemos dos contrincantes que continuamente se insultan. Y somos tan idiotas que cada 4 años elegimos nuevos actores, muy bien pagados por cierto con nuestro dinero, para interpretar una nueva escena.
Veamos Ruth, la política no está denigrada, ya que política lo es todo -los salarios, las carreteras, etc.- Los denigrados son-sois los políticos y los que están-estamos en partidos políticos.
Pero el insulto al político es moralmente aceptable ya que en democracia siempre habrá políticos y partidos que defienden aspectos que benefician a sus votantes pero atentan contra el votante de la oposición.
Si ha esto añadimos las descalificaciones que mencionas entre políticos y los chorizos que se meten en la política, creo que la opinión pública es demasiado benévola.
Un saludo.
[...] Leer fuente [...]
Hola Ruth.
Yo hace mucho que no creo en lo que hoy llamamos políticos. Como dice ACN, creo que estos se dedican únicamente a insultarse entre ellos mientras roban todo lo posible. De esta idea general se deben salvar algunos políticos, la pena es que todavía no he conocido a ninguno… Pena porque me hace sospechar que en realidad todos son abusadores, populistas, mentirosos compulsivos, estafadores, fraudulentos, hediondos, manipuladores, ladrones, demagogos, corruptos, impresentables, indecentes, perversos, mafiosos…
Ups!! Por inercia he caído en el mismo juego: describirlos tal cual son! Igual el problema es estructural. ¿Tendrá que ver con la Ley Electoral de que disponemos? Yo creo que sí, y también con un grado de inteligencia e inteligencia emocional bastante bajos, por no decir nulos.
Ruth, estoy contigo: lo que hacen estos no es política, es basofia rosa electoralista (en la tele le llaman “lucha de audiencias”, en la vida política “votantes”).