¿Llevamos todos a un delincuente dentro?

El psicólogo estadounidense Dan Ariely mantiene que cuando se nos presenta la posibilidad de hacer algo que es incorrecto, tenemos dos impulsos contrarios. Por un lado, el cálculo del beneficio que esperamos obtener y el otro el contar con una imagen positiva de nosotros, lo que en psicología se llama “motivación del ego”.

Estamos pues, ante un tira y afloja donde alcanzamos un compromiso moral que tiene unas áreas grises en las cuales los pecadillos no nos manchan.  Según el centro de psicologos sant cugat Integra “nuestro sentido de la moralidad está asociado al grado de engaño con el que nos sentimos cómodos. En esencia, nos engañamos hasta el nivel que permite conservar la imagen de individuos razonablemente honestos”.

Contando con estos impulsos no hay contradicción en que el mismo taxista se aproveche de un turista llevándole por una ruta más larga que después pare el contador antes de llegar al destino cuando transporta a una persona ciega.

Aunque uno quiera obtener más beneficios, hay un límite que es inaceptable, como el caso de aprovecharse de una persona minusválida. Este pacto mental hace que hagamos la vista gorda a pequeñas infracciones, donde jamás está presente el impacto de nuestros actos por acumulación.

Es curioso, pero en nuestro día a día en no pocas ocasiones tenemos que combatir con este tipo de situaciones donde parecemos tener a un angel y a un diablillo. La moralidad está presente y hace que no optemos por los caminos más críticos.

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